Galopa, caballo mío















Monto a mi corcel
y cabalgo por el tiempo,
hora tras hora,
día tras día.

Más rápido, más rápido caballo mío.
Por ahí puedes ahorrar tiempo.
Un atajo,
una oportunidad.
Corre, caballo mío,
que la quiero tener,
ya que permite ahorrarme,
al menos diez minutos al día,
que hacen setenta minutos en la semana.
Qué maravilloso,
así podremos rendir más,
tú y yo,
mi admirable corcel.

Galopa aún más!
Minuto a minuto,
hora por hora,
día por día.

Me siento segura en mi montura,
y mantengo las riendas firmes
Sigo galopando
de compromiso en compromiso
de reunion en reunión
de entrevista en entrevista,
de curso en curso.

Apura tu paso, caballo mío,
para que logremos grandes propósitos
en este mundo.

Mi corcel es gris,
gris y veloz
como un flecha.
Clavo las espuelas a mi gríseo
y lo impulso a andar.
Sin embargo un día llega la calma
a mi corazón palpitante.
De pronto, mi corcel detiene su paso
y me arroja de la montura,
las riendas se me resbalan,
mi corcel me abandona,
tendida en la arena.

"¿Qué quieres de mí?"
grito confundida.
"Espera, no te olvides
de que este tiempo es mío."
Resoplo y jadeo
como mi caballo moro;
le temo a la calma
que acecha a mi corazón.

¿Cómo puedo encontrar la calma
luego de tanta prisa?
Siento la presión interna
como un pesado lastre.
Como en un juego de azar
mis pensamientos,
mis sentimientos y mis contradicciones
se enfrentan a mi alma.

¿Existe aún
un lugar en mi interior,
que comprenda el silencio,
que se mantenga ajeno,
sin presiones ni exigencias?
Muéstrame ese lugar
que no valoriza,
que no presiona ni apremia,
que hace que yo solo
sea mi único refugio.

Siento la arena
entre mis dedos
y respiro
el aromático aire primaveral.
Por primera vez,
me parece,
observo el cielo,
los colores de los árboles,
la hierba
y oigo correr del arroyo
que fluye a mi lado.
¿O fluye en mi interior?
Respiro profundamente,
hasta el límite,
y expiro
y me entrego.














Un sueño viene a mi encuentro:
Estoy en un altar,
en una capilla
en mi pueblo,
y sostengo el reloj de mi vida
delante de los dones
del pan y vino,
y pido un cambio:
mi prisa
por sosiego.


Extraido de: Para conocer a Dios abre tus sentidos (Anselm Grün)

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